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Nacemos con una espalda, claro, pero si no la trabajamos y la fortalecemos, terminará sin ser de demasiada utilidad. No subestimes tu parte posterior: es la que te da estabilidad, permite tu movimiento, es el pilar mismo de tu postura y humanidad. Cuidarla debe ser una prioridad que has de atender a diario, con masajes descontracturantes, con una alimentación saludable y suficiente hidratación, y también con simples ejercicios que debes integrar a tu rutina semanal cuanto antes, como estos que te mostraremos aquí.

Si se trata de animales…

Si tienes mascota presta atención a sus movimientos. Nunca verás a tu gato levantarse de su siesta sin primero estirarla espalda. Nunca verás a tu perro acostarse a dormir sin antes acondicionar su postura girando sobre su lomo. Imita estos saludables movimientos, pues son naturales e intuitivos.

Prueba con el ejercicio de flexibilidad del gato, imitado en algunas posturas del Yoga. Coloca una manta o colchoneta en el piso y ponte a gatas, con las rodillas en el suelo, las pantorrillas y empeines posados y las piernas separadas a la altura de los hombros, y los brazos estirados con las manos sobre el piso. Deja la cabeza en una posición cómoda, ya sea mirando levemente al frente o hacia el piso. Luego, imita al gato cuando está contento y le acaricias el lomo, y arquea suavemente la espalda hacia abajo, como si intentaras llevar tu ombligo al piso. Mantén la pose unos segundos, y luego imita al gato cuando se enoja: arquea la espada hacia arriba, llevando esta vez la columna hacia el techo. Repite un total de cinco veces en cada movimiento, y hazlo cada vez que sientas tensa la espalda.

Todo se trata de estiramientos

Nada como comenzar la mañana con un estiramiento saludable y reparador. Siéntate en la cama, con los pies bien posados en el piso, y eleva tus brazos para acompañar este delicioso estirón con un gran bostezo a boca abierta, que renueve todo el oxígeno de tu cuerpo. Luego, a lo largo del día, podrás hacer una fortalecedora extensión de la espalda recostándote boca arriba, con buena postura, y los brazos a los lados del cuerpo. Simplemente lleva el mentón hacia el pecho para estirar la zona cervical. Luego eleva la pelvis ayudándote con las piernas (flexiónalas si quieres), y hasta puedes elevar los pies del piso llevando las rodillas hacia el pecho para estirar la zona lumbar.

Acomoda esas vértebras

Aún recostado boca arriba en el piso, lleva tus rodillas al pecho y tómalas con tus brazos, como si las abrazaras fuertemente. Luego, sin preocuparte demasiado por el equilibrio, intenta rodar hacia un lado y hacia el otro, balanceándote como lo hacen los bebés. Este simple movimiento no sólo te ayudara a acomodar las vértebras en su correcta alineación, sino que además te hará un suave y relajante masaje en toda la espalda, ayudándote a eliminar el dolor y las molestias provocadas por las tensiones. ¡Y es muy divertido hacerlo!

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